La Masonería en los regímenes autoritarios

 La Masonería según los regimenes autoritarios

Desde su comienzo, el Movimiento Nacionalsocialista hizo resaltar, a través de sus conductores, el antagonismo insalvable con la francmasonería.

Hitler, en su libro “Mi Lucha” dio su opinión – “ Para fortalecer su posición política, el judío trata de liquidar en todas partes las barreras raciales y nacionales. Con este fin lucha con toda la tenacidad que le es propia por la tolerancia religiosa y posee en la Masonería, que le es completamente adicta, un sobresaliente instrumento para sostener, pero también para deslizar sus propósitos. Los círculos gobernantes, así como las capas más elevadas de la burguesía política y económica caen en sus lazos a causa de los hilos masónicos, sin que siquiera sea necesario que lo sospechen”.

Goering, como Presidente de Ministros de Prusia, en 1933 decía que “No hay lugar para la Masonería en la Alemania Nacional Socialista”. En Septiembre de 1936 el Ministerio del Interior prohíbe a los miembros del partido, a los miembros de las fuerzas armadas y a funcionarios estatales, integrar logias Masónicas.

En Italia, el Gran Consejo Fascista promulgo el 13 de Febrero de 1932 una resolución contra la Masonería, exhortando a sus miembros a romper lazos con la Orden.

En 1925 Mussolini declaró :  La Masonería es combatida por los fascistas porque es una Organización Internacional que desarrolla su actividad en Italia sobre la base de órdenes que le llegan del exterior. No se puede ser buen italiano y simultáneamente ser Masón porque estos obedecen a directivas extranjeras. La Masonería estuvo siempre en contra de Las acciones italianas en Abisinia, en Libia, en Dalmacia y en Albania. Apoyó, debido a un criterio internacional, nuestra participación en la Guerra Mundial, pero desvalorizó su victoria. Quiso la guerra, pero impidió la cosecha de los frutos legítimos y sagrados del triunfo militar”.

Frases similares podemos encontrar de otros dictadores como Franco en España, Stalin en Rusia, Stroesner en Paraguay y tantos otros Tiranos y Dictadores que asolaron América Latina y el mundo a mediados del Siglo XX. Muchos de los países lo sufrieron, pues esos dirigentes exacerbaron el Nacionalismo popular generando odio hacia las minorías por razones religiosas, políticas, u orientación sexual, acusándolos de negros, judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados u oligarcas según la conveniencia política del momento, logrando de ese modo dividir a los pueblos siendo fieles  a la frase “divide y reinarás”. Han generado odios que dieron lugar a guerras civiles (como en España) que terminaron con divisiones entre las mismas familias  (como en los Balcanes), y construyendo muros que separan a los pueblos.

Bien decía Newton que mientras hay constructores que se dedican a hacer puentes, que unen a la gente, hay otros que se dedican a hacer muros para separarnos y encontrar del otro lado del muro al enemigo al que hay que vigilar, aislar y destruir.


Siempre es lo mismo, nos negamos a analizar las causas, a evaluar entre varios especialistas el problema, la autoridad nos dice quien es el enemigo y siempre, pero siempre.... el culpable es el otro, el distinto, las minorías o los indefensos.

Siempre hay un culpable, siempre hay alguien a quien eliminar para que se solucione nuestro problema. Siempre el dedo índice acusador del gobernante de turno que apunta al otro, para evitar que veamos que sus otros 3 dedos lo están apuntando como responsable de la situación.

La segunda idea que subyace en el discurso autoritario, es que la Masonería, junto con las multinacionales y los judíos actúa como un poder invisible, manejada por personas poderosas que nadie conoce, que se reúnen en secreto para confabular y acatar las ordenes de ese selecto y reducido grupo de personas que define los destinos de la humanidad.

Ese grupo, denominado la “Sinárquica Internacional” habría desarrollado una Estrategia cuya ejecución ha de conducir a la formación de un Gobierno Mundial que regiría sobre todas las Naciones de la Tierra.

Juan Domingo Perón en sus memoria, relatadas a Tomás Eloy Martínez en 1970 afirmaba que:
 “en 1955, nos aplastó la sinarquía internacional, de la que forman parte el capitalismo, el sionismo, el comunismo, la masonería y el clero tradicional, apoyados por los cipayos (Soldados al servicio de una Potencia Extranjera).
” Pude haber resistido, provocando así la muerte de un millón de compatriotas. Teníamos cómo hacerlo. Nos bastaba con entregar las armas al pueblo. Para mí el asunto era muy simple: decretaba la movilización general, formaba una división en Buenos Aires (para lo cual contaba con las armas necesarias), marchaba sobre Córdoba y fusilaba a todos los que intervinieron en el golpe. Para mí, un general, todo eso era muy simple. ¿Pero qué resolvíamos haciéndolo?. La sinarquía internacional se nos iba a echar encima furiosamente. Quizá nos iban a enviar a los marines (Norteamericanos). ¿Qué favor le hacíamos al país?. ¿Liberábamos así al continente?.”. Nos iban a aplastar de una manera u otra, sacrificando al pueblo y destruyendo lo que habíamos hecho durante diez años. Pero me quedó una enorme enseñanza: ningún país latinoamericano se puede liberar por completo si, al mismo tiempo, no se libera el continente, y si luego el continente no se integra para consolidar su liberación.Liberarse es fácil. Consolidar esa liberación es lo difícil. ¿Por qué? Porque si todo el poder sigue quedando en manos de la sinarquía, lo que se conquista se pierde muy rápido.

Ese discurso ha calado hondo en nuestra sociedad y no hay nada mas erróneo, pues no existe autoridad internacional que le dicte normas a las Grandes Logias, que gozan de absoluta soberanía e independencia en el territorio de su jurisdicción.

Generalmente, por ignorancia o mala fe, se asocia a la Masonería en acciones políticas determinadas. En realidad, es la tarea del hombre masón imbuido de nuestros principios e ideales, quien actuó protagónicamente para promover los grandes movimientos transformadores de la humanidad.

Los masones, como tales, no irrumpimos a la vida pública como institución. A la inversa de unas ideologías que pretenden reformar la sociedad, la Masonería induce a sus miembros a transformarse a sí mismos, con la esperanza que el progreso individual contribuirá a la mejora ulterior de la sociedad. La masonería forma hombres, que después van a actuar en el mundo profano, no con un mandato, sino según sus creencias, formando asociaciones u organizaciones que hagan al bien común.

Recuerdo que algunos hermanos de nuestra logia, hace unos años, crearon un sindicato de maquinistas del ferrocarril denominado “La Fraternidad”, que aun perdura y no solo no hay masones en el mismo, sino que no fue la logia la que lo creó, sino algunos integrantes por su propia voluntad.

Del mismo modo, debemos seguir formándonos como hombres libres, elevando nuestro nivel de conciencia, para tomar las decisiones que creamos convenientes en cada momento.

Como tercer punto, creo que el discurso autoritario está dentro de cada uno de nosotros y es nuestro deber saber reconocerlo y actuar para eliminarlo.

Debemos combatir al enano fascista que llevamos dentro, trabajando la Tolerancia, no para aceptar mansamente las ideas del otro, pero si para escucharlas y evaluarlas. En otras palabras ”tomar en cuenta a los otros”. No somos el centro del universo y no tenemos “LA VERDAD.

Según la SS (Servicio de Seguridad del Partido NAZI), la educación de la masonería no trata de desarrollar las potencialidades de un individuo según su naturaleza, sino que el ser humano es desbastado para eliminar para siempre los rasgos esenciales de su carácter. Esta mutilación de la personalidad lleva al individuo a un estado de condicionamiento tal que actuará y pensará de un modo masónico.

Nada mas alejado de la realidad. Trabajar la piedra bruta es combatir en nosotros la ignorancia.

Nuestro camino se estructura alrededor de tres grandes ejes:  
  • Intelectual, tratando de aumentar conocimiento y conciencia, sin que esta búsqueda sea confundida con la puramente filosófica o científica, legítimas en su lugar.
  • Ético, marcado por una voluntad de apertura a los otros, humanista, y respetuosa de la libre elección de cada cual.
  • Espiritual, porque definitivamente la búsqueda de todo masón tiene por fin trascender la pura inercia de la materialidad, integrante de su ser, elevándolo hacia un Orden superior. 
Nuestros talleres son el espacio de trabajo donde fraternalmente podemos plantear nuestras propias preguntas, y crear de esa manera el ámbito en el que sistemáticamente podemos articular en una estrategia los intentos de plantear algo distinto. No para formar una síntesis, sino para aprender de la diversidad de nuestros debates. En definitiva para poder pensar.

A ello debe tender el pulimento de la piedra bruta. Solo una formación masónica adecuada destinada a pensar, discutir y proponer soluciones transformadoras y nuestra presencia activa en los marcos de decisión, permitirá y hará factible lograr el cambio.
Quizás haya llegado la hora en que nos decidamos a mirar en nuestro interior y encontremos allí aquellas utopías que nos den la fuerza necesaria para transformar esta realidad.

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