El Golem

La creación de un hombre, por medio de la palabra. La importancia de la palabra.



Los discípulos de Paracelso acometieron la creación de un Homúnculo por obra de la Alquimia, los cabalistas por obra del secreto nombre de Dios, pronunciado con sabia lentitud sobre una figura de barro. Ese hijo de la palabra recibió el apodo de Golem y fue en el siglo pasado una figura popular en la literatura judía y alemana debido a la fascinación que emanaba de su simbolismo.

El surgimiento del Golem es explicado a partir de ciertos ritos (oraciones, ayunos, etc.) que practican algunos sabios judíos para modelar a continuación un hombre de arcilla amasada con agua pura. Sobre su frente se halla escrita la palabra emet "verdad"; al pronunciarse el nombre divino, el antropoide cobra vida y si bien no habla, entiende lo que se le ordena y puede practicar toda clase de tareas. El Golem va creciendo día en día hasta que, por el miedo que inspira, los habitantes de la casa borran la primera letra de su frente de forma que sólo que da met "muerto"; en ese momento el Golem se deshace y vuelve a convertirse en arcilla.

La tradición mística del Golem está muy desarrollada dentro del judaísmo. Pues se lo puede hallar en los textos canónicos, como el Talmud; en segundo lugar, porque resalta la centralidad de la lengua hebrea, que es la que da vida al hombre artificial.

No se trata solamente de magia, sino de una magia particular que confiere una fuerza especial, y más allá de ella existe un interés en otorgar al hebreo un lugar especial en el ámbito religioso: destaca el poder creador del lenguaje en general, y de la lengua hebrea en particular. Esta clave guarda relación con el hecho de que Dios creó el mundo a través de un acto de habla. Por eso fue asimilado, y porque conlleva otro mensaje que se adapta a los códigos de la cultura hebrea: la trascendencia de la lengua y el hecho de que los sabios puedan crear un Golem a partir de lo mejor del judaísmo. También en otras culturas existen tradiciones similares, pero en ellas no es tan importante el rol de la lengua; se trata de algo más mecánico.

El aspecto más trascendente en las ideas presentes en la creación del Golem, es sin duda el lenguaje; el tópico más desarrollado en todos los textos.

El tratamiento del idioma en el marco del Golem tiende a su destrucción: destruir la lengua y utilizar diversas combinaciones de letras carentes de sentido. El aspecto mágico, la manipulación del material por medio de la falta de significado en una suerte de ritmo matemático: "ab", "ac", "ad". Lo que más resalta es que estas combinaciones de dos letras carecen de significado, no se trata de lenguaje comunicativo, sino de una especie de lenguaje matemático. Y en ese contexto, se asemeja mucho a la cibernética de hoy en día, que se basa en lenguaje binario y no en los significados.

La lengua vacía de significado le insufla fuerza a la misma. El poder no se halla en el ámbito semántico, sino parasemántico: la dimensión mágica, creadora. No es una magia que opere por encantamiento, que trate de persuadir, sino de otra clase: una magia que procura influir sobre la materia a través del lenguaje.

Como todo mito, la historia no es verdadera, pero nos deja una enseñanza sobre la importancia del lenguaje y de la palabra.

Es en la importancia de la Palabra y en la búsqueda de la palabra perdida donde encontramos una relación con la Masonería. Nuestra historia mítica refiere que hubo un tiempo en que existió una palabra de valor inestimable y con el tiempo acabo por perderse, siendo sustituida por otra.

Pero como para la Masonería no hay muerte sin resurrección, la perdida de la palabra implica su recuperación posterior. No importa cual es esa palabra, pues en realidad es una alegoría al verdadero objeto de la masonería que es la búsqueda de la verdad, palabra esta que, casualmente, llevaba escrita el Golem en la frente.

Por lo tanto la palabra es el símbolo de la verdad y todas sus modificaciones (perdida, sustitución y recuperación), no son sino componentes del símbolo que representa la búsqueda de la verdad.

Sin embargo, la masonería es la gran muda, y si bien posee sus secretos, se ha propuesto a no revelarlos jamas. Nos incita buscar, profundizar y trabajar. Buscando la verdad es cuando comprendemos que se nos escapa y entonces aprendemos a tener indulgencia con los errores de los demás. En adelante nos abstendremos de condenar practicando la tolerancia, que es la virtud por excelencia de los masones. Debemos saber callar delante de quienes no están preparados a comprender y, al hablar, procuremos mas bien provocar la reflexión en lugar de querer convencer a toda costa.

La importancia de la palabra, esta presente en todas las tradiciones, pero es en esta época de cambios donde es muy importante que este presente nuestra palabra para llevar un mensaje claro dirigido al hombre profano, desde el hombre masón.

Coincido con aquel poeta español que nos decía que cuando parece que está todo perdido nos queda la palabra. Pues, entonces la palabra surge de lo mas profundo de uno mismo y en nuestro caso estructurada simbólicamente, lo que le da contenidos universales.

Lacán decía que el inconsciente está estructurado como el lenguaje, ¿cómo cambia nuestro inconsciente al incorporar el simbolismo como lenguaje?

Son muchas las cosas que tenemos por decir sin tener que revelar los secretos, podemos aportar una visión holística que alcanzamos a través del simbolismo de un mundo que a los ojos profanos aparece fragmentado. Pues sabemos que la pluralidad de culturas es ilusoria porque es una pluralidad de metáforas que dicen lo mismo. Hay un punto en el que se cruzan todos los caminos; este punto no es la civilización occidental sino el espíritu humano que obedece, en todas partes y en todos los tiempos, a las mismas leyes. Pero para llegar a esa síntesis, que me recuerda al número 3, es necesario estudiar algo más que rituales, historia y doctrina masónicas. Debemos estudiar también el mundo en el que vivimos.

Ha llegado el momento en el que el Símbolo debe someterse a la prueba experimental. Trescientos años de Masonería y muchos más de raíces ideológicas, deben servir de aliciente y habilitar la incursión sin trabas ni prejuicios en campos como los de las matemáticas, la física, la astronomía, la biología, o los de la historia, la filosofía o la política. La idiosincrasia individual determinará en cual. Pero lo que no puede ni debe hacerse es limitar el estudio del Símbolo únicamente al significado que se propone. Hay que permitirle un desarrollo acorde a la evolución del conocimiento. Abocarse a un trabajo cotidiano, permanente, difícil, tedioso y muchas veces infructuoso, que permita finalmente conocerlo. Esta es la única forma en la que el Masón podrá contribuir al mejoramiento del convulsionado mundo moderno.

La conjunción de ambos efectos, la introspección y el estudio de la realidad, acrecentarán geométricamente la fuerza de ambas. Abrirán las puertas para que Símbolo y Ciencia, mancomunados, religados, contribuyan al conocimiento más profundo de los misterios, nos ayuden a mitigar el sufrimiento que la ignorancia de la ciencia impide mitigar y aprendamos a rechazar la injusticia de los excesos.

La palabra es un símbolo, nos entendemos por los símbolos de la palabra hablada y por eso la palabra tiene tanta fuerza. La palabra es símbolo del pensamiento. Hay quien dijo: La verdad no se encuentra, la verdad se inventa.

Es entonces cuando surgirá, por el poder creador de la palabra, un nuevo hombre, forjado en nuestros principios, que a diferencia del Golem puede pensar por si mismo y donde su crecimiento intelectual sea paralelo y armónico con su crecimiento moral.







EL GOLEM

J. L. Borges

Si (como el griego afirma en el Cratilo)
El nombre es arquetipo de la cosa,
En las letras de rosa está la rosa
Y todo el Nilo en la palabra Nilo.
Y, hecho de consonantes y vocales,
Habrá un terrible Nombre, que la esencia
Cifre de Dios y que la Omnipotencia
Guarde en letras y sílabas cabales.
Adán y las estrellas lo supieron
En el Jardín. La herrumbre del pecado
(Dicen los cabalistas) lo ha borrado
Y las generaciones lo perdieron.
Los artificios y el candor del hombre
No tienen fin. Sabemos que hubo un día
En que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
En las vigilias de la judería.
No a la manera de otras que una vaga
Sombra insinúan en la vaga historia,
Aún está verde y viva la memoria
De Judá León, que era rabino en Praga.
Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
Y al fin pronunció el Nombre que es la Clave.
La Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
Sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
De las Letras, del Tiempo y del Espacio.
El simulacro alzó los soñolientos
Párpados y vio formas y colores
Que no entendió, perdidos en rumores
Y ensayó temerosos movimientos.
Gradualmente se vio (como nosotros)
Aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.
(El cabalista que ofició de numen
A la vasta criatura apodó Golem;
Estas verdades las refiere Scholem
En un docto lugar de su volumen.)
El rabí le explicaba el universo
"Esto es mi pie; esto el tuyo; esto la soga."
Y logró, al cabo de años, que el perverso
Barriera bien o mal la sinagoga.
Tal vez hubo un error en la grafía
O en la articulación del Sacro Nombre;
A pesar de tan alta hechicería,
No aprendió a hablar el aprendiz de hombre,
Sus ojos, menos de hombre que de perro
Y harto menos de perro que de cosa,
Seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.
Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
Ya que a su paso el gato del rabino
Se escondía. (Ese gato no está en Scholem
Pero, a través del tiempo, lo adivino.)
Elevando a su Dios manos filiales,
Las devociones de su Dios copiaba
O, estúpido y sonriente, se ahuecaba
En cóncavas zalemas orientales.
El rabí lo miraba con ternura
Y con algún horror. ¿Cómo (se dijo)
Pude engendrar este penoso hijo
Y la inacción dejé, que es la cordura?
¿Por qué di en agregar a la infinita
Serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
Madeja que en lo eterno se devana,
Di otra causa, otro efecto y otra cuita?
En la hora de angustia y de luz vaga,
En su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

MITOS Y LEYENDAS

Artículos con una lectura diferente sobre los Mitos, Leyendas e Historias que nos han contado.

ALGUNOS TEMAS PARA COMPARTIR